Keblinger

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Conversación a la orilla del mar

| viernes, 27 de julio de 2012


Conversación a la orilla del mar

En una playa se encontraban un anciano y cinco jóvenes observando el mar. No recuerdo exactamente hace cuantos años ni los nombres de los que en ese sitio se encontraban, pero la enseñanza que el anciano les dejó a estos chicos les cambió la vida.

El anciano había estado sentado ahí todo el día observando atentamente a los cinco muchachos. Obscurecía, y al parecer nadie tenía intenciones de retirarse.


De los jóvenes puedo decir que tenían entre quince y dieciséis años y una vida por delante, sin embargo habían estado todo el día jugando en la orilla del mar.


Todos miraban maravillados el hermoso atardecer y como creaba colores rojizos anaranjados en el agua.


El anciano se puso de pie y se acercó a los chicos intrigado por haberlos visto en la playa todo el día. Cuando llegó junto a ellos les dijo:


—¿Alguien me podría hacer un favor?


—¿Qué ganaremos con eso? —preguntó despectivamente el más grande del grupo.


—La satisfacción de ayudar a un pobre anciano en sus últimos días —contestó sin chistar el anciano.


—Olvídelo abuelo. Tenemos cosas más importantes de que preocuparnos.
—¿Cómo qué?— inquirió el anciano.


—Pues mi novia me acaba de dejar —contestó uno.


—Mi madre me ha echado de casa —respondió otro.


—Me han expulsado de la escuela —declaró un tercero.


—¿Y ustedes dos? —preguntó el anciano a los dos jóvenes que se habían quedado callados.


—Consolarlos —dijeron al unísono.


—¡Ahh! ¿Con que en eso han estado perdiendo el tiempo?


—¿Perdiendo el tiempo? -preguntó el más grande furioso por el comentario del viejo— mi hermano trabaja en el restaurante que está a un kilómetro de aquí y me dijo que lo ve sentado allí todos los días, abuelo. ¿Quién es el que pierde el tiempo? ¡eh!


—Claro que estoy sentado ahí todos los días, no tengo más que hacer, estoy viviendo horas extras y he hecho todo lo que he podido. Aparte mi condición física no me deja hacer mucho —contestó tranquilamente el anciano— Pero díganme a ustedes ¿qué los detiene en esta playa?


—Ya se lo dijimos, tenemos problemas reales, no como usted jubilado y con la vida resuelta. Necesitamos resolverlos —dijo el más grande.


El anciano ante esta respuesta tan tajante se quedó observando el mar un minuto más o menos y por fin dijo:


—¿Ven ese extenso océano que hay ante nosotros? —dijo mientras observaba la cristalina agua— Una vida no alcanzaría para recorrerlo todo, así como toda esa agua no nos es suficiente para vivir una vida. Así pues, los problemas que hay ante nosotros no podemos solucionarlos perdiendo la vida en recorrer todo el océano.


Con estas palabras el anciano se retiró a paso lento y sin voltear a ver.


Al día siguiente los jóvenes preguntaron a todos los que frecuentaban la playa si lo habían visto pero nadie lo había hecho.


Me contaron que los cinco chicos se volvieron grandes empresarios y que buscaron al anciano hasta el cansancio, recordando siempre el profundo mensaje que les había dejado, pero nunca nadie lo volvió a ver.


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espero su humilde opinion ^^

2 comentarios:

{ Mel :3 } at: 27 de agosto de 2012, 16:53 dijo...

Joaehfowihrfoerihg PUDÍN!!!! LUIIIIIIIIII, YA TE SIGO :3!!! Respondeeeeeeee x3!

{ luisa } at: 27 de agosto de 2012, 20:13 dijo...

ya te respondí!! :D khfcjwejfkwfkjwnb

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